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Novedades en las ciencias cognitivas de la religión

 Me hago eco de un nuevo artículo de Yaiza Martínez extraído de aquí (Tendencias 21) que me parece una actualización muy interesante sobre un tema que estudio con mucho interés.

Hace pocos años ha eclosionado lo que podíamos llamar "las ciencias cognitivas de la religión", un emergente y sorprendente campo de investigación sobre el fundamento antropológico y psicológico de la religión (sin olvidar los substratos neurofisiológicos que conlleva cualquier otra conducta o proceso mental).

 Psicología, antropología, biología y otras ciencias han comenzado a trabajar interdisciplinarmente en explicar el origen, la función o el desarrollo evolutivo del pensamiento religioso y, por ello, haciéndo novedosos avances en el conocimiento de la especie.

 Aquí dejo esta noticia que nos pone al día de las investigaciones que, entre otros hacen Pascal Boyer, Scott Atran, J. Barret, Paul Bloom y compañía. Buen provecho.

Artículos relacionados:
Las raíces cerebrales de la religión (nuevos avances científicos)

Bibliografía actualizada sobre el estudio científico de la religión

El Orígen cognitivo de la religiosidad 

La religión como fenómeno natural



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Una investigación sobre la moralidad aclara el origen de la religión

Las experiencias espirituales serían un subproducto de capacidades cognitivas preexistentes, no religiosas

A la hora de tratar de explicar el origen de la religiosidad en nuestra especie, los científicos proponen dos alternativas: que la religión surgió para potenciar la cooperación entre individuos no relacionados genéticamente o que emergió a partir de ciertas capacidades cognitivas preexistentes en el ser humano. Ahora, un estudio realizado por científicos de la Universidad de Harvard y basado en la psicología moral experimental, señala que la segunda explicación sería la más acertada.

Los detalles acerca de la emergencia y evolución de la religión no han sido claramente definidos, y siguen siendo fuente de debate entre los especialistas.

Según publica Eurekalert, ahora un artículo publicado en la revista Trends in Cognitive Sciences proporciona una novedosa perspectiva para esta cuestión, a partir de la revisión de la fascinante relación entre moralidad y religión.

No cabe duda que las experiencias espirituales y la religión, que se han dado en todas las culturas y momentos de la historia, están asociadas exclusivamente a nuestra especie, y que en última instancia son fenómenos enraizados en nuestro cerebro.

Sin embargo, quedan algunas cuestiones sin responder a este respecto, sobre todo cómo y por qué los comportamientos religiosos se originaron, y cómo estos comportamientos han ido cobrando diversas formas en el proceso evolutivo de la humanidad.

Dos explicaciones posibles

Según explica uno de los autores del estudio, el investigador Ilkka Pyysiainen, del Helsinki Collegium for Advanced Studies, de Finlandia, algunos expertos afirman que la religión surgió como medio de adaptación frente a la necesidad de solucionar el problema de la cooperación entre individuos no relacionados genéticamente.

Otros expertos, en cambio, proponen que la religión emergió como un derivado o subproducto de ciertas capacidades cognitivas preexistentes en el ser humano.

El problema de estas dos propuestas explicativas radica en que, aunque exista cierta base que las sustente, ambas resultan difíciles de demostrar.

Pyysiainen y su colaborador, el psicólogo Marc Hauser, del departamento de psicología y biología evolutiva de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, han abordado ambas cuestiones desde una novedosa perspectiva, basada en la psicología moral experimental, para revisar ambas hipótesis.

Juicios morales independientes

Según explican los científicos en el artículo publicado por Trends in Cognitive Sciences, bajo el título “The origins of religion: evolved adaptation or by-product?” (Los orígenes de la religión: ¿adaptación evolucionada o subproducto?), ambas explicaciones fueron evaluadas a partir de la exploración de la relación entre religión y moralidad.

Así, gracias a la revisión de los más recientes trabajos empíricos en psicología moral, se constató que sería la segunda de las explicaciones (la religión como subproducto de capacidades cognitivas preexistentes) la que más base científica tendría.

En concreto, escriben los investigadores, el hecho de que, a pesar de las diferencias existentes entre las religiones, en realidad no existan diferencias individuales en los patrones de los juicios morales que los humanos emiten ante dilemas morales que se producen en escenarios no familiares, sería la clave.

La moralidad y la religión están relacionadas entre sí de diversas maneras. Para algunos, no existe moralidad sin religión, mientras que para otros, la religión es simplemente una forma de expresión de las intuiciones morales.

Pero se ha comprobado que los juicios intuitivos sobre lo que está bien o lo que está mal operan independientemente de compromisos religiosos explícitos. 


Cooperación no religiosa

Este hecho respaldaría la teoría de que la religión no emergió originalmente como un medio adaptativo para fomentar la cooperación (puesto que los juicios morales que la favorecerían no serían necesariamente religiosos).

Por tanto, resulta más probable que la religión surgiera a partir de funciones cognitivas preexistentes, que en sí mismas evolucionaron a partir de otras funciones, no religiosas.

La cooperación, señalan los científicos, sería por tanto fruto de mecanismos mentales ajenos a la religiosidad, aunque esta última haya ayudado a facilitar y a estabilizar la cooperación entre los grupos humanos.

En otro sentido, la presente investigación ayudaría a entender la compleja relación entre religión y moralidad: en muchas culturas parece que los conceptos y creencias religiosas se han convertido en un modelo de conceptualización de los principios morales.

Sin embargo, esta relación no es una relación necesaria, por lo que las críticas a la religión no deberían ser siempre experimentadas como una amenaza fundamental a una existencia moral.

Religión en la mente

Tal y como explicamos anteriormente en Tendencias21, diversos especialistas en ciencias cognitivas, como Justin Barret, de la Universidad de Oxford, aseguran que son ciertas propiedades funcionales de nuestros sistemas cognitivos las que nos hacen ser individuos religiosos.

Estos especialistas ve las raíces de la religión en nuestra sofisticada cognición social, que nos lleva a ver señales de “agentes” –mentes similares a las nuestras- que actúan sobre el mundo, y a interpretar éste como si estuviera hecho con un propósito.

Los humanos tenemos, afirman estos científicos, una tremenda capacidad para impregnar, incluso a los objetos inanimados, de creencias, deseos, emociones y conciencia. Esta capacidad, según el psicólogo de la Universidad de Yale, Paul Bloom, estaría en el núcleo de muchas de nuestras creencias religiosas.

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Las raíces cerebrales de la religión (nuevos avances científicos)

Artículo de Rosa M. Tristán (14/04/2009)
Diario El Mundo   http://www.elmundo.es/elmundo/2009/04/08/ciencia/1239220251.html

¿Qué le ocurrió a aquel antepasado humano que comenzó a creer en los dioses? ¿Por qué nuestra especie tiene esa especial tendencia a la fe religiosa? La ciencia, especialmente la neurología, ha entrado de lleno en la búsqueda de respuestas dentro del cerebro, que por el momento son muy complejas.

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Mucho se ha avanzado desde que el anatomista Franz Gall, a principios del siglo XIX, dijera que había encontrado el órgano de Dios en el cuerpo, lo que le valió la condenación eterna. Ahora, muchos investigadores prestigiosos están convencidos de que las redes neuronales están detrás de esa tendencia a la espiritualidad, que es innata y que se ha repetido en todas la culturas y civilizaciones.
Si hace unos años, el biólogo americano Dean Hamer aseguraba haber hallado el gen de Dios, ahora investigadores del Instituto Nacional de Desórdenes Neurológicos en Bethesda (EEUU) han revelado las zonas del cerebro que se activan con la fe religiosa, que son las mismas que los humanos empleamos para comprender las emociones, los sentimientos y los pensamientos de los demás.

Este último trabajo, publicado recientemente en la revista Proceedings of the National Academy of Science (PNAS), sitúa el área religiosa en el lóbulo temporal y en el frontal, lo que indicaría, según el neurólogo Jordan Grafman, que juzgamos a Dios utilizando los mismos mecanismos que a otras personas y que, como creencias que se transmiten entre generaciones, entrarían en la memoria, la imaginación y la empatía.

El cerebro creyente

Ahora bien, ¿por qué se cree en algo de lo que no existe constatación? Algunos científicos apuestan por la idea de que el cerebro está organizado para que podamos creer.

Otras hipótesis defienden que la religión surgió como una adaptación evolutiva que hizo que los genes que la facilitaban se transmitieran y prosperaran: habría ayudado a formar grupos sociales cohesionados y a proporcionar consuelo en las desgracias. Así lo cree el psiquiatra Francisco J. Rubia, autor del libro 'La conexión divina'.

«El origen de la espiritualidad, que no de Dios, fue multifactorial. Influyeron los sueños, en los que el individuo viajaba sin mover el cuerpo, dando lugar a la idea del alma, y también la predisposición a la dualidad, porque el cerebro está organizado para ver el contraste, como es la luz y la oscuridad, lo finito y lo eterno, lo real y lo imaginario. Todo ello unía al grupo», argumenta.

Sin embargo, algunos antropólogos, como Scott Atran, de Michigan, consideran que «religiones que hablan de paraísos tras la muerte no hacen mucho por la supervivencia en el aquí y ahora».

Paul Bloom, psicólogo de Yale, busca la explicación fisiológica. Argumenta que el cerebro tiene dos sistemas cognoscitivos: uno se encarga de las cosas vivas y otro de las muertas, uno se ocupa de la mente y otra de los aspectos físicos (el dualismo del que habla Rubia). Sería la explicación de por qué abandonamos el cuerpo en los sueños o en proyecciones astrales. Es la misma dualidad que prepara al cerebro para conceptos como la eternidad, la vida después de la muerte. Y añade que pensar en experiencias al margen del cuerpo, espirituales, «está a un paso de la creación de los dioses».

La búsqueda de causas

Pero, ¿bastan esos dioses para dar lugar a la religión? Deborah Kelemen, de la Universidad de Arizona, añade a este cóctel el sentido de la causa-efecto, es decir, buscar un propósito o un diseño para todo, algo que surgió por mera supervivencia (un ruido puede ser un depredador) y que el cerebro extrapola a lo demás: todo tiene un porqué.

«La religión es un artefacto ineludible del cableado de nuestro cerebro», asegura Bloom en la revista 'New Scientist'. Incluso los ateos y agnósticos tendrían tendencia a pensar en lo sobrenatural. Según Rubia, en estos casos la espiritualidad innata se deriva hacia otras cuestiones, como la naturaleza. «Siempre se buscará porque produce endorfinas, y por tanto placer, pero las experiencias místicas pueden no ser religiosas», asegura.

De hecho, Atran lo llama «la tragedia de la cognición»: «Los seres humanos pueden anticipar el futuro y concebir su propia muerte. Cuando los procesos naturales del cerebro nos dan una salida, la cogemos, claro», argumenta.


https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhYDTQXv9gcP0ZiodPcbV3mVLVDh7KO7e8SM0hSoVvvcTpYo30WqX52ayAcTxBMmRbFqKEtblqv1DRFvhA13GW3VU6UlhyphenhyphencCWisnc59DZ5STngCa78j2wgu_23N0V8pXx7nIWW7imtUUAcz/s400/God+brain.jpg

Luego, ¿la religión es un subproducto de la evolución del cerebro humano o fue seleccionada para la supervivencia del grupo? El evolucionista Richard Dawkins considera correctas ambas premisas. Por un lado estaría el adoctrinamiento que se recibe del grupo, y que se acepta para no ser rechazado, pero por otro la predisposición cerebral a creer en seres invisibles, que se concretan en los de los padres.

La relación religión y cerebro va, incluso, más lejos. El psiquiatra español Rubia recuerda que hay una epilepsia que afecta al lóbulo temporal y activa la religiosidad por una descarga de neuronas. «Los chamanes eran personas que entraban en éxtasis y algunos sufrían esa enfermedad. Desde antiguo eran quienes hablaban con los muertos y curaban, seguramente por poderes psicosomáticos más que otra cosa».

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Bibliografía actualizada sobre el estudio científico de la religión

En primer lugar os doy esta dirección donde puedes adquirir algunos de los libros que veréis más abajo en PDF... pero otros tendréis que buscarlos en bibliotecas o librerías: http://ateosteistas.com/biblioteca/?page_id=124 http://www.esnips.com/web/bibliotecaatea http://www.bibliotecaatea.com.ar/category/carl-sagan/ Todos son estudios muy serios, cada uno con su carácter, pero de máximo rigor y máxima calidad, amén de atesorar mucha cultura y aportar argumentos sólidos e incontestables. Con todo lo dicho hay que admitr que son muy asequibles para cualquier lector interesado pues la mayoría tienen vocación divulgativa.
A estos libros les podéis añadir los vídeos seleccionados del Canal
http://www.youtube.com/psicodani76 donde salen hablando muchos de los autores de esta bibliografía. Aquí tenéis una muestra de la lista de reproducción "Entrevistas", pero hay varias más.     
Esta es una selección de ensayos de prestigiosos científicos que dan un nutrido conjunto de pruebas:
-   Atran, Scott "In god we trust" Antropólogo e Investigador de Dinám. Grupos (Univ. Michigan, EEUU.)
-   Barrett, Justin. L. “Why Would Anyone Believe in God?” (Psicólogo e investigador principal del Centro por la Antropología y la Mente del Instituto para la Antropología cognitivo-evolutiva de la Universidad de Oxford)
-   Bloom, Paul. Psicólogo Universidad Yale. Investigador Bases psicológicas de las creencias.
- Boyer, Pascal (2003): “Religion Explained. Trad Esp. ¿Por qué tenemos religión?”. (Antropólogo y Filósofo. Profesor en el Instituto de Ciencia Cognoscitiva en Lyon).
-   Damasio, Antonio (2006): "El error de Descartes: la emoción, la razón y el cerebro humano", “En busca de Spinoza: neurobiología de la emoción y de los sentimientos” Médico Neurólogo director del Instituto Neurológico de la Emoción, la Toma de Decisiones y la Creatividad. Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2005.
-   Dawkins, Richard. (2007): "El espejismo de Dios", “El gen egoísta”, “El Capellán del diablo”, “Destejiendo el arco iris”, “Escalando el monte improbable, “El Cuento del antepasado”(Biólogo y Etólogo de Cambridge)
-   Dennett, Daniel. (2007): "Romper el hechizo", “La peligrosa idea de Darwin”, otros… (Doctor en Filosofía en Oxford. Especialista en inteligencia artificial y memética.)
-   Guthrie, Stewart "Faces in the clouds" Antropólogo de la Universidad Fordham en Nueva York
-   Harris, Sam. (2006): "El fin de la fe", “Cartas a una nación cristiana” (Doctorando en Neurociencias en Stanford)
-   Hauser, Marc (2008): "La mente moral. Cómo nuestra mente ha desarrollado nuestro sentido del bien y del mal". Barcelona. Ed. Paidós. (Antropólogo y Psicobiólogo en Harvard)
-   Hinde, Robert. (2008) “¿Por que persisten los dioses? una aproximación científica a la religión” (Etólogo de Cambridge. Profesor emérito de la Royal Society)
-   Hitchen, Christopher. (2007): "Dios no es bueno (grande)" + “Dios no existe,” (2009),  (Filósofo, Economista y Graduado en CC. Políticas. Articulista de New York Times)
-   Hood, Bruce. Psicólogo Univ. Bristol (UK)"SuperSense: why we believe in the unbelievable" (2009)
-   Morris, Brian. (2005): "Introducción a la antropología de la religión"  (Prof. Antropología en Cambridge)
-   Pinker, Steven (2004): "Cómo funciona la mente", “La tabla rasa”… Psicólogo de Harvard. Exdirector del Centro de Neurociencia Cognitiva en el Instituto Tecnológico de Massachussets.
-   Pyysiäinen, I (2001): “How religion works” Leiden (Holanda): Brill.+ (2004b). “Magic, miracles, and religion: A scientist’s perspective”. Walnut Creek, CA: AltaMira Press.
-   Sagan, Carl (1996): “El mundo y sus demonios”, “Cosmos”, “Un punto azul pálido”, etc... (entre otros muchos títulos). Doctor en Astronomía y gran divulgador científico; fundador del SETI. Medalla de Honor de la NASA, al Mérito Científico, Premio Pulitzer, etc.... Profesor de Astronomía y Ciencias Espaciales de la Universidad de Cornell (Nueva York)
-   Shermer, Michael: “Por qué creemos en cosas raras” y “How we believe” (Psicólogo, Historiador de la ciencia y Profesor de Economía).
-   Stenger, Víctor. (2008): "Dios: la hipótesis fallida" Traducida al español como ¿Existe dios? (Físico y Astrónomo Universidad de Hawai)    
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Añado alguno más
-   Michel Onfray "Tratado de Ateología"
-   Bertrand Russell "Por qué no soy cristiano”
-   Ludwig Feuerbach "La esencia del cristianismo"
Y bueno, la imprescindible, impagable y exigente colección de Gustavo Puente Ojea de las que destacaría "Elogio del ateísmo", “El mito de Cristo”, "Ateísmo y religiosidad", “Religión, vaya timo” (2009), etc….

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El origen cognitivo de la religiosidad.


Original de Yaiza Martínez
http://www.tendencias21.net/La-religiosidad-humana-hunde-sus-raices-en-nuestras-habilidades-cognitivas_a3817.html


La religiosidad humana hunde sus raíces en nuestras habilidades cognitivas

Dos disciplinas científicas buscan el origen de la espiritualidad en el desarrollo de la mente

Todas las sociedades humanas presentan creencias religiosas, a pesar de que la religiosidad no supone un estímulo obvio para la reproducción o la supervivencia. ¿De dónde procede entonces nuestra tendencia a creer que el mundo está hecho con un propósito o a confiar en agentes sobrenaturales? La periodista de la revista Science, Elisabeth Culotta, analiza en un artículo reciente las respuestas dadas a esta cuestión por dos ramas de la ciencia aparentemente alejadas entre sí: la arqueología y las ciencias cognitivas.


Todas las sociedades humanas tienen sus dioses, tanto si su culto se rinde en catedrales góticas como si se celebra en pirámides maya.

En todas las culturas, los humanos han destinado recursos a elaborar rituales y a construir edificios religiosos. Sin embargo, la religión no supone un estímulo obvio para la reproducción o la supervivencia.

¿Por qué surge, entonces?, se pregunta la periodista de la revista Science, Elizabeth Culotta en un artículo aparecido recientemente en dicha revista. Bajo el título “On the Origins of Religion" (En el origen de la religión), Culotta, en un intento de desentrañar esta cuestión, analiza dos disciplinas muy distintas que se han dedicado a estudiar la religiosidad humana: la arqueología y la psicología cognitiva.

Antecedentes darvinistas

Ya Charles Darwin abordó el tema de la religión desde la perspectiva de su tesis sobre el origen de las especies, y buscó evidencias de que la religión podía ser explicada por pequeños avances en la cognición y en la estructura social humanas.

Sin embargo, según Culotta, para Darwin, el origen de la religión no supuso un misterio sino uno de los frutos del desarrollo seguido por el ser humano.

Tal y como él mismo escribió en El origen del hombre. La selección natural y la sexual: “tan pronto como las importantes facultades de la imaginación, el asombro y la curiosidad, junto con la capacidad de razonamiento, se desarrollaron parcialmente, el hombre comenzó a especular sobre su propia existencia”.

Culotta afirma que, en los últimos quince años, un número creciente de investigadores ha intentado responder al misterio de la religiosidad siguiendo la estela de Darwin e indagando en la hipótesis que éste defendía: que la religión surge de forma natural, fruto de los procesos corrientes de la mente humana.

Con estos estudios, se ha abierto un nuevo campo de investigación denominado “ciencia cognitiva de la religión”, que se apoya en la psicología, la antropología y la neurociencia para comprender las bases del pensamiento religioso, explica la autora.

Religión en la arqueología

En la actualidad, a pesar de que no se ha alcanzado al respecto un consenso general entre los científicos, para Culotta las respuestas potenciales a ciertas preguntas (como, por ejemplo, si la materia genera el dominio invisible de lo espiritual o si la religión es un fenómeno que puede ser explicado científicamente) podrían encontrarse en la interpretación de ciertos datos arqueológicos y, también, de la información surgida del estudio de nuestra mente.

Por un lado, la arqueología está ofreciendo información potencialmente relevante para la comprensión del inicio de la religiosidad humana, gracias al hallazgo de antiguos diseños geométricos de contenido simbólico o de antiquísimas tumbas cuyo análisis ha revelado la existencia de rituales de enterramiento, entre otros.

Culotta explica que los arqueólogos están buscando señales de religiones antiguas en relación con una de las habilidades cognitivas propias del ser humano: el comportamiento simbólico.

En este sentido, el arqueólogo Colin Renfrew, de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, asegura que la religión sería una forma particular de un comportamiento social simbólico más amplio.

Con esta idea acerca de la mente humana, los arqueólogos exploran las religiones antiguas y buscan en sus excavaciones señales del inicio del comportamiento simbólico en nuestra especie.

Religión en la mente

Por su parte, especialistas en ciencias cognitivas como Justin Barret, de la Universidad de Oxford, han asegurado que existen propiedades funcionales en nuestros sistemas cognitivos que nos hacen propicios a la creencia en agentes sobrenaturales.

Barret y otros investigadores ven las raíces de la religión en nuestra sofisticada cognición social, explica Culotta.

Según ellos, los humanos tendemos a ver señales de “agentes” –mentes similares a las nuestras- que actúan sobre el mundo y a interpretar éste como si estuviera hecho con un propósito.

Los humanos tenemos, afirman estos científicos, una tremenda capacidad para impregnar, incluso a los objetos inanimados, de creencias, deseos, emociones y conciencia. Esta capacidad, según el psicólogo de la Universidad de Yale, Paul Bloom, estaría en el núcleo de muchas de las creencias religiosas.

Estos campos del conocimiento, la arqueología y las ciencias cognitivas, se están desarrollando en paralelo en esta dirección, relacionando las evidencias empíricas de los registros arqueológicos y los modelos teóricos de los psicólogos, señala Culotta.

Según la autora, todavía no ha habido entre ambas disciplinas más que ligeros atisbos de actividad interdisciplinar, pero los especialistas están de acuerdo en que este terreno de investigación está experimentando el surgimiento de nuevas e interesantes evidencias en lo referente al origen de las religiones, y que tal vez lo más importante esté aún por llegar.

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"¿La religión es natural?" por Paul Bloom


(Extraído de «Religion is natural», Developmental Science 10:1 [2007], pp 148–150)

y a su vez extraído de http://humanismonaturalistacientifico.blogspot.com/2009/08/es-la-religion-natural-por-paul-bloom.html  Gracias a Antonio por esta información tan completa y relevante.


(*) Paul Bloom es profesor de psicología en la Universidad de Yale. Su investigación explora como los niños y adultos entienden el mundo físico y social, con especial enfoque sobre la moralidad, la religión, la ficción, y el arte. Ha ganado numerosos premios por su investigación y enseñanza. Es expresidente de la Society for Philosophy and Psychology, y co-editor de Behavioral and Brain Sciences, uno de las principales publicaciones en el campo.

Pulsa sobre el propio mapa para agrandar la imágen.
Para una aclaración bibliográfica sobre los datos del propio mapa pulsa aquí
http://humanismonaturalistacientifico.blogspot.com/2009/01/neurociencia-de-la-religin-1-la.html

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El estudio del lenguaje provee muchos ejemplos de como la universalidad de X no implica que X es innato (cf. Pinker 1994). Todos los lenguajes tienen una palabra que refiere las manos, por ejemplo, pero esto es probablemente porque es importante para la gente de cualquier sitio hablar sobre las manos, no a causa de una innata específica propensión a nombrar las manos. Similarmente, las creencias en dioses, en la vida después de la muerte, y así sucesivamente pueden ser universales, no porque sean innatas, sino porque tales creencias emergen en todas las sociedades, quizás como soluciones a algunos problemas que todos los grupos humanos enfrentan. Desde esta perspectiva, los aspectos universales de las creencias religiosas son invenciones culturales, creadas por adultos. Una explicación completamente enmarcada en la Psicología del Desarrollo sobre la aparición de la creencia religiosa, entonces, podría ser una consistente en aprendizaje cultural.

Hay un pujante cuerpo de trabajo, entretanto, que sugiere que esto no es del todo correcto. En cambio, mientras que la cultura desempeña algún papel, algunos de los universales de la religión son no aprendidos (cf. Atran 2004; Barrett 2004; Bering 2006; Boyer 2001; Bloom 2004, 2005; Evans 2000, 2001; Guthrie 1993; Kelemen 2004; Pinker 1997). Hay dos grandes hilos de este argumento.

1. Sentido común dualista
No es controversial que los jóvenes niños naturalmente tengan un sentido de las entidades físicas en diferentes términos que de las entidades psicológicas: la física intuitiva (naïve) es diferente de la psicología intuitiva. La proposición explorada aquí es considerablemente fuerte. Es la idea de que pensamos en el cuerpo y el alma como distintos; implícitamente endosamos un fuerte dualismo sustancial como el defendido por los filósofos Platón o Descartes. Bajo una variante de esta explicación, nuestro dualismo es un subproducto natural del hecho de que tenemos dos distintos sistemas cognitivos, uno para tratar con objetos materiales y otro para entidades sociales. Estos sistemas tienen inconmensurables outputs. Por lo tanto el dualismo surge como un accidente evolutivo (Bloom 2004).

El dualismo tiene interesantes consecuencias. Si los cuerpos y las almas son pensados como estando separados, se puede tener uno sin el otro. Muchas cosas, tales como sillas, vasos y árboles, son pensados como cuerpos sin almas, sin intenciones, creencias, voluntad, o consciencia. Más significativamente para la religión, el dualismo hace posible imaginar almas sin cuerpos. El Cristianismo y el Judaísmo, por ejemplo, implican un Dios que creó el universo, realiza milagros, y escucha las plegarias. Él es omnipotente y omnisciente, poseedor de infinita bondad, justicia y misericordia. Pero él no tiene, en cualquier sentido literal, un cuerpo.

Nuestro dualismo también abre la posibilidad de que la gente pueda sobrevivir a la muerte de sus cuerpos. Las religiones proveen diferentes explicaciones sobre la fe de las almas: puede ascender al cielo, descender al infierno, salir fuera hacia alguna suerte de mundo paralelo, u ocupar otro cuerpo, humano o animal. De hecho, la creencia de que el mundo está repleto de espíritus ancestrales, las almas de personas que han sido liberadas de sus cuerpos a través de la muerte, es común interculturalmente (Boyer 2001).

El dualismo emerge naturalmente en los niños. Cuando se les pregunta, en modos explícitos e implícitos, los niños preescolares dirán que ellos creen que el cerebro es solamente responsable de algunos aspectos de la vida mental, típicamente aquellos de implican pensamientos deliberados, tales como resolver problemas matemáticos. Pero el cerebro no es esencial para actividades tales como pretender ser un canguro, amar al hermano, o cepillar los dientes (Gottfried, Gelman & Schultz 1999; Johnson 1990; Lillard 1996). Esto es hecho por la gente, no por sus cerebros.
La más dramática demostración de dualismo infantil concierne al desarrollo de las creencias sobre la vida después de la muerte. Bering y Bjorklund (2004) contaron a niños de diferentes edades una historia sobre un ratón que muere, y les preguntaron sobre la persistencia de ciertas propiedades. Cuando se les preguntó sobre las propiedades biológicas del ratón, los niños apreciaron los efectos de la muerte, incluyendo que el cerebro ya no funcionaba. Pero cuando se les preguntó sobre las propiedades psicológicas, muchos de los niños dijeron que estos podrían continuar –el ratón muerto podía tener hambre, pensamientos o deseos. El cuerpo se había ido, pero el alma sobrevive. Y los niños creen esto más que los adultos, sugiriendo que mientras tenemos que aprender el tipo específico de creencia en la vida después de la muerte de nuestra cultura (cielo, reencarnación, mundo espiritual, etc.), la noción de que la consciencia es separable del cuerpo no es del todo aprendida; viene libremente.

Una de las primeras cosas que un estudiante aprende en una introducción a la psicología es que el dualismo sustancial está errado. Es virtualmente asumido por todo científico que la vida mental es el producto del cerebro (aunque hay poco consenso sobre cómo esto ocurre). Aquí, como en otros dominios, el sentido común –el cual es reforzado por la religión– choca con la ciencia.

2. Sobre-atribución de agencia y diseño
Tenemos lo que Boyer (2001) ha llamado una «hipertrofia de la cognición social»: una voluntariedad para atribuir estados psicológicos, incluyendo agencia y diseño, aun cuando es inapropiado hacerlo.




La clásica demostración aquí es la de Heider & Simmel (1944), quienes elaboraron un video sencillo en el cual unas figuras geométricas –círculos, cuadrados, triángulos– se mueven en ciertos modos sistemáticos, diseñados, basados en intuiciones psicologistas, para formar un relato. Cuando fue mostrado este video, la gente instintivamente describió las figuras como si ellas fueran personas específicas (matones, víctimas, héroes) quienes tenían metas y deseos, y reproducían muy bien la historia que los psicólogos habían tratado de contar. Investigaciones adicionales encontraron que no se necesitan formas específicas –se puede conseguir el mismo efecto con puntos móviles, como también con videos donde los «actores» no son objetos individuales, sino grupos en movimiento, tales como enjambres de diminutos cuadrados (Bloom & Veres 1999).

El antropólogo Stewart Guthrie (1993) fue el primer científico moderno en notar la importancia de esta tendencia como una explicación del pensamiento religioso. En su libro, «Faces in the clouds», Guthrie presenta anécdotas y experimentos mostrando que la gente atribuye características humanas a un notable rango de entidades reales; su lista incluye: aeroplanos, automóviles, bolsas, campanas, bicicletas, botes, botellas, edificios, ciudades, nubes, ropa, terremotos, fuego, niebla, comida, basura, sombreros, huracanes, insectos, cerraduras, hojas, la luna, montañas, papel, lápices, plantas, cerámica, lluvia, el sol, ríos, rocas, sirenas, espadas, herramientas, juguetes, trenes, árboles, volcanes, agua, y viento. Somos hipersensibles a los signos de agencia humana, tanto que vemos intención allí donde todo lo que realmente existe es artificio o accidente. Como Guthrie dijo: «La ropa no tiene emperador». Esta capacidad para atribuir agencia basada en señales mínimas no es una aparición tardía que el desarrollo logra. Uno puede conseguir los mismos tipos de atribuciones intencionales aún en bebés (Csibra et al. 2003; Scholl & Tremoulet 2000).




Tenemos un similar sesgo para atribuir agencia cuando vemos un estructura no aleatoria. Este es el ímpetu para el argumento del diseño –la intuición de que el diseño que es aparente en el mundo natural y biológico es la evidencia de un diseñador. En una reciente encuesta en Estados Unidos (julio 2005), 42% de los entrevistados dijeron que ellos creían que los humanos y otros animales existen en su presente forma desde los inicios del tiempo, y la mayoría restante dijo que la evolución ocurrió, pero fue guiada por Dios. Aún entre la minoría de aquellos que aseguraban endosar la evolución darwiniana, muchos la distorsionaban de un modo u otro, a menudo viéndola como una misteriosa fuerza interna que guia a las especies hacia la perfección. La selección natural es como la mecanocuántica, entonces; podemos intelectualmente comprenderla, con considerable esfuerzo, pero nunca se sentirá correcta para nosotros. Cuando vemos estructuras complejas, las vemos como el producto de creencias y metas y deseos. Consideramos el mundo natural con nuestro modo social de entendimiento, y es difícil elaborar un sentido de ello en cualquier otra forma. Que nuestras vísceras sientan que el diseño requiere un diseñador no es un secreto, y es entendiblemente explotado por quienes argumentan contra la selección natural, tal como Michael Behe (2005), quien en un artículo en New York Times escribió, «La fuerte apariencia de diseño sigue un simple argumento atractivo: si parece, camina y suena como un pato, entonces, en ausencia de evidencia convincente de lo contrario, tenemos garantías para concluir que es un pato».

Uno de los más interesantes descubrimientos en la Psicología del Desarrollo de la religión es que este sesgo hacia el creacionismo parece ser cognitivamente natural. A los cuatro años de edad se insiste en que todo tiene un propósito, incluyendo cosas como los leones («para ir al zoo») y las nubes («para que llueva»). Cuando se pregunta porqué un manojo de rocas es puntiagudo, los adultos prefieren una explicación física, mientras los niños escogen respuestas funcionales, tal como «de modo que los animales puedan rasguñar en ellas cuando están irritados». Basada en tales hallazgos, Kelemen ha propuesto que los niños son propensos a la «promiscuidad teleológica» –ellos tienden, más que los adultos, a ver el mundo en términos de diseño y propósito (Kelemen 2004). Otra investigación encuentra que cuando los niños son directamente cuestionados sobre el origen de los animales y la gente, ellos tienden a preferir explicaciones que impliquen un creador intencional, aún si los adultos que los forman no las prefieren (Evans 2000, 2001).


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Comentarios adicionales
Bloom señala dos mayores sistemas intuitivos como la base de las creencias sobrenaturales religiosas. Desde una perspectiva neurocientífica, estos sistemas correlacionan con varias funciones y regiones neurales, aunque pocos psicólogos toman tal dirección explicativa, siendo el más claro y directo al respecto Pascal Boyer, quien, basado en colaboraciones con algunos neurocientíficos propone los sustratos de la ToM (en parte), de la empatía, la imitación, la detección de agencia, la detección de causa, el reconocimiento de emociones y de señales sociales; funciones todas que en resumen se sientan en amplios circuitos de las regiones parietal, temporal y frontal del cerebro humano (Boyer 2003, Boyer & Barrett 2006). Esta perspectiva integradora de datos psicológicos y neurocientíficos sustenta el análisis desarrollado en nuestro blog a través de cuatro tópicos sobre la creencia sobrenatural: «Correlatos neurales de la creencia sobrenatural», «Dopamina, pensamiento mágico y religión», «Paleoneurología, matemáticas y creencia sobrenatural» y «El papel de la serotonina».

Respecto a los sistemas independientes para las entidades físicas y las entidades sociales, debemos señalar un grupo de datos neurocognitivos vinculados al segundo, sobre la detección de intención (surco intraparietal, surco temporal superior), detección de señales sociales (surco temporal superior, amígdala, cortex frontoventral) y empatía (regiones temporal, límbica, frontoventral y frontomedial). Todo esto estructura el sistema de agencia (reconocimiento/atribución de animación/intención), cuyo componente nuclear es el reconocimiento de movimiento biológico en el surco temporal superior. Esta región es el sustrato fundamental y primario para tratar las entidades sociales.

En esta misma línea de conocimiento, el otro sistema, que de acuerdo con Bloom trata con entidades físicas inanimadas, en el caso de los cuerpos (humanos o animales) no resulta ser claramente independiente, aunque Blakemore et al. (2003) ha efectivamente identificado un sustrato neural para la contingencia mecánica en el lóbulo parietal superior y otro para la contingencia intencional en el surco intraparietal (región inmediata a la anterior). De hecho la sensibilidad al movimiento biológico consiste en reconocer la morfología del cuerpo humano, aunque, valga la redundancia, en movimiento. Este segundo sistema es sinónimo de la folk mechanics (= folk physics o naïve physics) y siendo que consiste en el procesamiento de aspectos como distancia, ubicación, trayectoria o movimiento de los objetos inertes y nuestras expectativas sobre todo ello, el sustrato neural debe abarcar las regiones visuoespaciales, de manipulación de herramientas y motoras por ejemplo, siendo las regiones parietal superior/posterior y temporal sobretodo y también frontal motora, importantes aquí. Hay pues una autonomía neuroanatómica, pero no del todo independiente de la atribución de animación.

Otros aspectos distintivos de la religión (aunque no exclusivamente pertenecientes a ella) como el antropomorfismo, la teleología o el pensamiento mágico, son igualmente reductibles al sistema de agencia y otros subsistemas asociados. Lo mismo ocurre respecto a la relación entre la agencia y el animismo, tal como la planteó Guthrie y como puede argumentarse neurocognitivamente.



Por otro lado, un rasgo importante de las creencias religiosas es precisamente su persistencia sociocultural. No parece suficiente el dualismo intuitivo o la hiperactividad de la agencia para el desarrollo y la expansión exitosa de una creencia religiosa, sino que confluye un aspecto interesante de la cognición humana recientemente estudiado: la sensibilidad de la atención y la memoria hacia la contraintuición. Es decir, mientras por un lado los propios sistemas inferenciales son combinables (p.ej. folk mechanics + folk psychology = objeto sagrado que oye las plegarias), por otro esta propia combinación de resultado contrafactual tiende a prevalecer en la memoria. Seguramente otros aspectos de la cognición humana, que se investigan en los niños para escudriñar sus principios básicos, confluyen también en la religión. Bloom nos señala pues otras líneas de investigación que ya arrojan resultados interesantes como la preferencia de los bebes por entidades empáticas (ver video).




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